Es un crimen universal. Las mujeres captadas
con engaños o por la fuerza pueden pertenecer a cualquier país, principalmente
países donde la población sufre carencias económicas o países en guerra, y el
destino puede ser su propio país o cualquier otro, en este caso, principalmente
países ricos.
La explotación sexual convierte a las
víctimas en esclavas. Los proxenetas se
enriquecen manteniendo a las víctimas en condiciones infrahumanas, atemorizadas
y amenazadas, obligadas a ejercer la prostitución en condiciones de
explotación.
